Doctor/a, hágame un chequeo
Dra. María Belén Gamo Medrano
Médico de Atención Primaria
Vocal de Atención Primaria Urbana del ICOMGU
Cada día es más frecuente en nuestras consultas la petición de chequeos por parte de nuestros pacientes con la idea de conocer mejor su situación de salud, pero ¿qué se entiende por chequeo?.
Un chequeo se define, según la RAE, como examen, control, cotejo o bien como un reconocimiento médico general, al que se somete una persona que no presenta síntomas ni padece enfermedad y cuya finalidad sería la detección precoz de alguna enfermedad, la detección de factores de riesgo (FR) o bien aportar tranquilidad al paciente.
La OMS lo define como “la identificación presuntiva de una enfermedad no reconocida en una población aparentemente sana y asintomática mediante pruebas, exámenes u otros procedimientos que pueden ser aplicados rápida y fácilmente a la población objetivo”. Debe incluir todos los componentes centrales en el proceso de detección, desde invitar a la población objetivo hasta acceder a tratamiento efectivo para individuos diagnosticados de enfermedad.
Su objetivo final sería la reducción de mortalidad o morbilidad a través de la detección temprana para así poder tratar precozmente.
Pero, ¿es útil la práctica del chequeo?
Un meta-análisis de 2014 demostró que los chequeos preventivos no reducen la mortalidad, pero mejoran resultados secundarios en control de tensión arterial, colesterol e IMC (obesidad), especialmente en pacientes de alto riesgo.
Una de las mayores revisiones en 2019, de la Cochrane Library, concluye que es poco probable que los chequeos sean beneficiosos y, además, pueden desencadenar pruebas y tratamientos innecesarios con el resultado de daño para el paciente.
En la práctica clínica, el chequeo puede suponer riesgos, no solo económicos: puede aparecer sobrediagnóstico y sobretratamiento. El sobrediagnóstico se refiere a que se diagnosticarían enfermedades que nunca causarían síntomas ni acortarían la vida; es decir, se etiquetaría de “enfermo”, se conocería la existencia de una enfermedad sin modificar en nada su pronóstico. El sobretratamiento sería el tratamiento innecesario de una enfermedad en el que el daño potencial siempre superará los beneficios.
En Medicina existen varios niveles de prevención: primaria (evitar la enfermedad), secundaria (detectar la enfermedad de forma precoz), terciaria (prevención de complicaciones) y cuaternaria (proteger a las personas de intervenciones médicas que pueden causar más daños que beneficios).
Existen recomendaciones de los principales grupos de trabajo nacionales e internacionales. En España, la PAPPS (Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud), proyecto de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), marca recomendaciones para cribados, peticiones de laboratorio y pruebas. Dentro de las recomendaciones del PAPPS se incluyen: cálculo del riesgo cardiovascular, control de presión arterial, cribados de detección precoz de cáncer de colon, mamografías, cribados de detección de neoplasia maligna de cérvix en mujeres, entre otras recomendaciones.
La recomendación en la práctica clínica actual, de acuerdo con la evidencia disponible, sería ofrecer pruebas según el riesgo de cada persona durante un proceso continuo de atención, ya que los efectos preventivos como tales no tendrían beneficios relevantes. Es ahí donde el papel de la atención continuada por el médico de familia entra: la evidencia científica muestra que las personas que tienen una relación establecida con su MAP (médico de Atención Primaria) tienen más probabilidad de realizarse pruebas de detección cuando se sospecha que un paciente presenta un riesgo elevado de padecer una enfermedad; este proceso es parte integrante de la rutina diaria de la medicina de familia.
La longitudinalidad define la relación terapéutica, estable y duradera a lo largo del tiempo entre el médico (y enfermero/a) y el paciente, independientemente de la presencia o ausencia de enfermedad. Esta continuidad en el tiempo fomenta la confianza, mejora la calidad asistencial, reduce la mortalidad y disminuye las hospitalizaciones y visitas a urgencias.
María Belén Gamo Medrano
Médico de Atención Primaria y
Vocal de Atención Primaria Urbana del ICOMGU

